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Mujeres y Vinos
Talentosas y apasionadas, Susana Balbo, Andrea Marchiori y Graciela Reta son las enólogas más exitosas de Argentina. Cuentan cómo obtuvieron un lugar privilegiado en un sector tradicionalmente machista. Ellas dicen no ser feministas pero lo mejor que les puede suceder es que, en pleno auge vitivinícola en la Argentina, el vino no tenga género.
Jueves 4 de Diciembre de 2008  | Hace 5 años, 7 meses, 3 semanas, 6 días, 16 horas, 17 minutos
Fuente: South American Wine Group

Mujeres y Vinos
Las tres enólogas más exitosas de Argentina Susana Balbo, Andrea Marchiori y Graciela Reta han sabido ganarse un lugar especial en la industria gracias a que tiñeron con sus apasionados taninos cada minuto de sus vidas, logrando vinos premiados, destacándose en el mundillo profesional y concretando sus emprendimientos personales. Desde un café ubicado en Chacras de Coria, uno de los lugares más bellos de Mendoza, ellas nos permitieron presenciar una charla entre mujeres con sangre y vino.

Susana Balbo fue la primera licenciada en enología de la Argentina recibida en la Facultad Don Bosco, de Mendoza, y también la primera dama que ocupa la presidencia de Wines of Argentina, institución que nuclea a más de cien bodegas de todas las regiones y representa al 95% de las exportaciones de vinos del país. En el camino estuvo trabajando nueve años en Cafayate, Salta, en la Bodega sucesión de Michel Torino, a donde llegó de la mano de su convicción. Salió un aviso en el diario pidiendo un enólogo con cuatro años de experiencia, que hablara inglés y que hubiera ocupado el puesto de primero o segundo enólogo de una bodega. Era para la Michel Torino. Mi hermano me acercó el aviso y me dijo que me presentara. Yo le dije que no podía porque no cumplía con ninguno de los requisitos. Esa noche, a las 3 de la mañana me desperté con la carta escrita en mi cabeza, así que ahí mismo la escribí y la mandé. De 78 enólogos quedaron 20, que fueron seleccionados por una grafóloga en Francia. De esos 20, sólo 8 pasamos por los psicotécnicos que hacía la consultora y finalmente quedamos 3. De los seleccionados, me ofrecieron el lugar a mí primero. Actualmente, además de su labor institucional, trabaja en su proyecto personal, Dominio del Plata.

Graciela Reta nació en Rivadavia, Mendoza, y también se recibió de licenciada en enología en Don Bosco, en ese entonces la única facultad de su tipo en Sudamérica. Fue la primera becada por el CONICET para investigar sobre esta rama de la ciencia. Investigué sobre la materia colorante en los tintos, los famosos polifenoles y taninos, que hoy están tan de moda. Terminé el trabajo en la bodega Gancia, en el Piamonte, Italia en donde inicié mi contacto con las variedades italianas, cuenta Graciela. Con esa experiencia estuvo un tiempo en el INV y rápidamente la Bodega Tittarelli la contrató como directora técnica. También estuvo a cargo de desarrollo de productos y el área de negocios internacionales en la empresa. Ella se distingue por haberle impreso su identidad y haber posicionado al Tempranillo de Tittarelli (Finca Retiro), entre otras variedades. En el último año se abocó totalmente al emprendimiento vitivinícola, Santa Faustina, que lleva adelante con su esposo, Peter Weinert. Andrea Marchiori es la más joven de las tres. Madre de tres niñas muy pequeñas, es la que siente que más naturalmente desarrolló su perfil femenino en un mundo que siempre fue de hombres. Desde el mismo claustro que Graciela y Susana, la Universidad de Rodeo del Medio, supo que tendría que desempeñarse como una más en el mundo masculino ya que era la única mujer entre nueve compañeros. Eso tuvo una ventaja para Andrea ya que allí conoció a su actual marido y co-equiper laboral en Viña Cobos, Luis Barraud. Su primer trabajo fue en Bodegas Norton y luego el amor -por los vinos y por Luis- la instó a partir. Nos recibimos, nos casamos y sin nada, nos fuimos a trabajar a Estados Unidos, en una bodega en Sonoma, en donde Paul Hobbs (uno de los consultores más prestigiosos del mundo) estaba realizando sus vinos. Nuestro próximo paso era Australia y, cuando estábamos por partir, Paul nos tentó para venir a Argentina a hacer un Malbec. Él había conocido la finca de mi padre en Luján y se había enamorado de las plantaciones que tenía desde hacía muchos años. De ahí surgió la idea de hacer un vino con este varietal en Argentina. En la cosecha ‘99 arrancamos con el proyecto de Viña Cobos los tres: Paul, Luis y yo, elaborando en Viña Amalia primero y luego en Dolium. Hoy somos 17 personas trabajando en nuestra bodega en Perdriel. Los vinos de Viña Cobos están entre los más caros de la Argentina y casi su totalidad son para exportación.

La mirada de los otros Durante la charla, lo primero que sobresale es la intensidad, acompañada de una belleza serena en los tres casos. Todas coincidieron en agradecerle a alguien su primer contacto con la industria pero Graciela Reta agregó un dato más. En el mundo hay una valoración diferente de las profesionales. Cuando Argentina se asomó al mercado internacional, en donde en realidad no hay tanto machismo, allí fuimos reconocidas. No es casual que un consultor extranjero como Paul Hobbes, contrate a Andrea y no es casual, para mí, que me haya podido ir a Italia, a trabajar en la Bodega Gancia con Eugenio Tomasello. Eso nos posibilitó a nosotras entrar luego en un ambiente de hombres. Primero hubo un reconocimiento internacional, comenta.

Susana Balbo fue la primera licenciada en enología de la Argentina, recibida en la Facultad Don Bosco, de Mendoza, y también la primera dama que ocupa la presidencia de Wines of Argentina, institución que nuclea a más de cien bodegas de todas las regiones y representa al 95% de las exportaciones de vinos del país.

Andrea Marchiori, la más joven, rescató la capacidad. Para mí el hecho de ser mujer, no me significó una ventaja o desventaja en el momento de trabajar. Encontré un poco de reticencia en las personas mayores, en finca o en bodega. Pero nunca viví eso como un obstáculo. Creo que te contratan más por tu capacidad que por ser mujer o varón. En cambio la experiencia de Graciela con el trabajo de finca fue diferente. Tengo una personalidad fuerte y en esa situación me he divertido mucho. En realidad he sentido un padrinazgo con los capataces y con la gente que llevaba muchos años trabajando en la bodega. Me sentí acompañada, respaldada y querida. En un momento, la más aguerrida de las tres, Susana Balbo, le recuerda a Andrea que los inicios para las mujeres en el mundo vitivinícola no fueron tan sencillos. Nosotras hemos abierto mucho camino. Nos han discriminado bastante. Coincido con Graciela en aquello que nos tocó demostrar que éramos capaces y, para eso, te tenías que hacer escuchar y, para tener esa oportunidad, tener un carácter más masculino. Creo que, en vez de que la edad te suavice, el tema es que la trayectoria te da confianza y cuando ya la tenés, te relajás e importa poco lo que piensen los demás. En el ambiente a Susana algunos le dicen la Dama de Hierro, según ella misma confesó, pero en Wines of Argentina eso le sirvió para no importarle que algunos no la saludaran cuando fue electa presidenta por primera vez. A la segunda elección, no sólo la felicitaban sino también le dieron el 100% de los votos.

Imaginar un vino Uno siempre piensa que el mejor vino será el próximo, comenta Graciela. Todas coinciden con ella a la hora de pedirles que imaginen cómo sería el vino ideal, pero luego, con su experiencia, amplía: he hecho vinos muy comerciales, otros más creativos, he tenido satisfacciones con grandes vinos como con los Tempranillos de Titarelli o el Syrah de Santa Faustina. De todas formas el gran vino es algo pendiente y se lo dedicaría a mi padre. Creo que podría ser un Tempranillo. Me gustan los concentrados, elegantes pero con mucha explosión. Andrea no puede disimular su enamoramiento por la cepa emblemática mendocina y sobre esto expresa su sentimiento. Mi asignatura pendiente es explotar el Malbec en distintos terruños. Me gustaría hacer un gran Malbec en Cafayate, en La Rioja, en el Sur, e incluso irme a otros países. Me gustaría hacer grandes expresiones de Malbec en distintos lugares. Y la dedicatoria está ya hecha. Tengo la satisfacción de haber hecho el Cobos A Nico, que es en honor a mi padre, Nicolás Marchiori. Es el primer blend que hacemos, mayoritariamente Malbec con Cabernet Sauvignon, cosecha 2005. Y…, el mejor vino, siempre está por venir y se lo dedicaría a mis hijos y a mis padres, dice Susana pensativa; aunque cuenta que el mejor Torrontés que hizo en su vida fue cuando estaba embarazada de su hija, Ana. Tenía una apertura a todos los aromas y sabores. Una percepción y una sensibilidad increíble. Sin duda, depende de un momento de inspiración y de un buen estado anímico. Graciela acota -entre risas- que, en realidad, se trataba de la sensibilidad de dos mujeres juntas.

The gift La tarde las vio transcurrir por diferentes estados de ánimo. Al elegir las satisfacciones que les brindó el mundo del vino, todas dieron rienda suelta a la sensibilidad. Hablaron de grandes amistades, de unión en el hedonismo, del placer de viajar y de sentirse ciudadano del mundo del vino. Andrea valora las grandes amistades que surgen a través del vino. Me sorprende cómo te conecta con la gente esa gran pasión en común. Una de las grandes satisfacciones que tuve fue con el Cobos 99, mi primer hijo. Todo lo que fue ese vino lo hice yo. Lo parí y uno de los grandes premios fue que, a raíz de una buena puntuación, me llamó Pepe Galante, enólogo de Catena Zapata, para felicitarme. Para mí fue un honor porque Galante es uno de los grandes referentes. Los viajes son el regalo que le brindó el mundo vitivinícola a Graciela Reta. Viajar por lugares donde nunca me hubiera imaginado llegar. El viaje a la India fue especial. Allí, la esposa de nuestro importador era princesa, una mujer fabulosa por su entorno y su idiosincrasia. También el viaje a Japón fue fuerte, donde para la cultura japonesa ver a una mujer en este negocio era extraño. Cuando finalizó la transacción, el importador dijo que él había comprado el vino por mí. Observaba que era tanta la pasión que yo ponía en presentarlo que se sintió en la obligación de comprarlo.

Otra gran satisfacción, quizás un poco vanidosa, acota Graciela es que cuando estaba en Ttitarrelli, mucha gente se acercaba -productores o importadores- y me decían que iban por mi trabajo. Algunos sentían que yo no solamente era la hacedora del vino sino también la que le daba la identidad a la compañía. Eso me ha marcado mucho. Me sorprendía que me vincularan a un producto que no era mi proyecto personal.

Susana rescata el hecho de que a través del vino, uno se siente ciudadano del mundo. En cualquier país te encontrás con enólogos con los que compartís muchas cosas, algunas técnicas, gustos parecidos, a todos nos gusta el desarrollo de la gastronomía, disfrutar de los aromas naturales, tenemos placeres en común y pertenecemos a un mundo hedónico. Sos ciudadano del mundo del vino, explica Balbo y señala que además de estos cinco sentidos de los humanos, hay un sexto sentido que tenemos todos los enólogos que es ese amor por lo que hacemos y lo volcamos, con intuición especial, en nuestra labor, que se nota cuando decís esto es lo que yo estaba buscando.



Big Bang Vitivinícola Como buenos espíritus femeninos, rápidamente nos hicieron sentir cómodos. Les pedimos entonces a este trío de exitosas enólogas que nos hablaran sobre lo positivo y negativo que observaban de este boom del vino argentino de los últimos quince años. Con la respuesta a flor de labios, Graciela valora positivamente toda la transformación producida en la industria, que acarrea seriedad y profesionalidad para hacer las cosas bien. Eso de respetar la identificación y el trabajo en la región, la tecnología, el tener identidad con lo que hacemos, explica y a continuación señala enfáticamente lo que veo muy mal y me molesta, es que el zapatero de la esquina venda la zapatería y se ponga a hacer vino, que tenga tres botellas y las quiera vender al nivel de bodegas de mucho tiempo. Y que los mismos profesionales nos prestemos a eso. Eso lo veo pésimo en Argentina.

Rápidamente Susana le acota que se tranquilice y cuenta que según los últimos estudios estadísticos sobre esta temática, a los cuatro años estos emprendimientos mueren.

Después de un intercambio de opiniones sobre estos nuevos inversores, Susana destaca como positivo el creciente camino hacia la calidad que se observa en los desarrollos de nuevos viñedos y de la suma de gente cada vez más entusiasmada por hacer las cosas bien. Hace diez años era muy difícil encontrar disposición a los cambios necesarios para llegar a la calidad media que Argentina necesitaba, explica, sin dejar de acotar que para que el país tenga una categoría en el mundo del vino, tiene que tener un 5% del mercado internacional, hoy tenemos el 3,7%. Partimos en el 2001 del 0,7%. Hemos crecido muy rápido y nos falta un poquito para ser reconocidos. También nos damos cuenta, de acuerdo a este estudio que hemos hecho, que probablemente nos falte abastecimiento de uvas de calidad para poder cumplir ese sueño, porque si la demanda del Malbec sigue creciendo, no hay viñedo suficiente para abastecerla.

Lo negativo para Susana es la otra cara de la moneda. Aquel concepto de que todavía existen productores que creen que el Estado debe protegerlos. Todavía existe gente que supone debe golpearle la puerta al gobierno porque su vino no tiene valor y no se dan cuenta que, reconvirtiendo y haciendo calidad, no van a tener problemas de comercialización. La generación nueva, los nuevos empresarios con otra visión, más abierta, que no toman al Estado como paternalista y saben que empezar un negocio es asumirlo con sus riesgos y sus ventajas, son quienes podrían cambiar esto.

Cuando Andrea toma la palabra es sucinta para contestar. Para mí la gran ventaja es la apertura que hemos tenido al mundo. De otra manera no hubiéramos llegado hasta donde estamos, en calidad y en crecimiento. Como desventaja, observo los miedos a apostar a este país, con los riesgos y las inestabilidades políticas a futuro

Haciendo futurología Fue necesario también hablar sobre predicciones para la industria vitivinícola argentina. En cuanto a la calidad, ¿Hacia dónde se dirige? Andrea Marchiori aseguró que queda mucho por aprender. Hemos crecido en calidad y en reconocimiento. Como país, tenemos una oportunidad que todavía no podemos dimensionar totalmente pero nos queda muchísimo por aprender de nuestras propias regiones. Si pensamos en el Valle de Uco, que tiene 15 años de explotación, eso para una región vitivinícola es nada. Como profesionales, todavía tenemos ese gran desafío de saber cuáles son las zonas y cuáles son las mejores variedades. También tenemos otra oportunidad que se ve en la gente que viene de afuera a conocer la Argentina y le gusta cómo somos. Con todas nuestras falencias, hay mucha gente que termina enamorada del país, expresa auspiciosa Andrea.

Graciela se adelanta a señalar, coincido con Andrea. Creo que el escenario de Argentina, en cuanto a regionalizad, ha crecido mucho en los últimos años. Frente a ese panorama, en donde han aparecido los nuevos huéspedes, la gente que viene de afuera y se enamora de nuestra tierra, nos han permitido poner mucha fuerza en la innovación, en la tecnología y en la competitividad, pero todas estas fortalezas se están tratando de mejorar. Todavía nos falta disciplina de trabajo para llegar a ser la Argentina que todos soñamos.

Susana dividió la pregunta, primero al hablar sobre el futuro de los vinos dijo: creo que tenemos que ir hacia una tendencia de vinos frutados y con una presencia de madera menor, con taninos más dulces. La gente está rechazando los taninos secos y los vinos que compiten con la comida. Hoy se hace un vino que complace al periodista y al enólogo pero que el consumidor normal no termina de entender. Creo que los vinos van a un estilo mucho más equilibrado, más balanceado, de elegancia, de complejidad pero no de concentración. Hacia allí va el mercado y van los vinos.

Andrea comentó: creo que el mercado busca eso y la gran ventaja que tenemos es la posibilidad de hacer esos vinos de gran calidad y con muy buenos precios, además de poder hacer los grandes íconos, que nos darán la reputación como país. El consumidor va a tomar los vinos menos complejos pero, como industria nacional, es importante que logremos grandes puntajes en los concursos, porque nos abre las puertas para que los periodistas especializados digan: en Argentina también se puede.

En segundo lugar, Susana Balbo hizo su proyección sobre la cultura del vino en general y estimó que se debe orientar hacia una cultura holística, donde el hombre se observa disfrutando de su mesa, de la comida de sabores naturales, con un muy buen vino, en un ambiente muchísimo menos estresante que el de la ciudad. Allí es donde yo me imagino a una Mendoza creciendo y evolucionando hacia que cada región sea autosustentable y tenga para ofrecer todo esto. Ese es mi sueño.

Un maestro, un vino de acá y uno de más allá Tanto Susana como Graciela destacaron como maestro al cura Francisco Oreglia, quien dirigió la Facultad de Enología Don Bosco durante muchas décadas. Andrea mencionó, como una persona que influyó mucho en su trabajo, al enólogo de Bodega Norton, Jorge Ricitelli. Me tuvo mucha paciencia y me enseñó todo con generosidad y mucho humor. Al momento de elegir un vino del exterior Susana se inclinó por un Haut Brion y en Argentina expresó su aprecio tanto por los de Andrea, de Viña Cobos como por los famosos tempranillos de Graciela. Ante la indecisión señaló uno que me encanta y que últimamente ha cambiado mucho en su estilo es Colomé. Ellos han sabido hacer el cambio, nació muy rústico y hoy está delicioso.

Yo no soy muy marquista, explica Graciela pero agrega que a la hora de recomendar algo en el extranjero destaca los vinos del Piamonte que mezclan lo tradicional y lo moderno. Un Barolo de la Ricadonna, me parece un vino excepcional que se acopla al nuevo mundo, pero con toda la historia. De los locales, me encantan los Críos de Susana Balbo y los vinos que hacen Pepe Galante y Daniel Pi (director de enología de Trapiche). La más pequeña eligió, en Argentina, los vinos Noemia de la Patagonia y de afuera me encantan los Pinot Noir, de Napa Valley y algunos Cabernet Sauvignon. También me fascinan los vinos italianos y de Francia, el Sauternes. A la hora de expresar sus elecciones, rápidamente se organizó otro encuentro, pero ya con vinos y comida de por medio. Todas ofrecieron llevar botellas especiales y seguramente se concretará algunos de estos días de setiembre, bajo la calidez del sol mendocino y brindando por ser parte de la cofradía del vino.


Por Enrique Chrabolowsky y Laura Gallardo

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