El vidrio libra una batalla en varios frentes: la expansión de su mercado debido a la incorporación de nuevos productos presentados en ese envase, los costos de la energía y los reclamos mediombientalistas que le atribuyen liberación de gases contaminantes en forma directa (fabricación) e indirecta (transporte).
Las botellas de champán, tan resistentes que han llegado a utilizarse como arma homicida, están perdiendo parte de su fuerza. El vertiginoso aumento de los costes de producción y de transporte ha hecho que los productores de la bebida espumosa decidan aligerar el grosor del envase de cristal.
G.H. Mumm, la firma de champán propiedad del grupo francés Pernod Ricard, acaba de completar una prueba de producción con 2,5 millones de botellas de champán cuyo peso sin contenido equivale a 835 gramos, 65 gramos menos que el resto de envases.
La empresa llevó a cabo la prueba a petición del Comité Interprofessionnel du vin de Champagne (CIVC), la asociación de Comercio francesa que representa a los productores de vino y de champán del país y supervisa la venta de 340 millones de botellas al año. Si los ensayos concluyen con éxito, es probable que la CIVC recomiende a otros miembros utilizar las nuevas botellas.
El cristal de las botellas de champán siempre se ha caracterizado por su grosor y un peso que rondaba los 900 gramos (más del doble del peso de una botella de vino). Esta costumbre se remonta al siglo XIX, y se adoptó para evitar que la presión del vino espumoso provocara una explosión de la botella.
Los productores de champán empiezan a ser conscientes del impacto medioambiental derivado de la cantidad de energía necesaria para fabricar botellas con un cristal tan grueso. En el proceso, la arena silícea utilizada para obtener el vidrio alcanza temperaturas extremadamente altas; además, los fabricantes han decidido aligerar el peso de los envases para ahorrar costes de transporte. “Si en un camión logramos trasladar más botellas, es evidente que habrá un ahorro importante de combustible”, explicaba un portavoz del CIVC.
Una botella de champán llena puede llegar a pesar casi dos kilos. G.H. Mumm ha almacenado las botellas sometidas a prueba en bodegas, donde tendrán que permanecer durante al menos dos años y medio para su fermentación. El productor no podrá vender el nuevo producto a los consumidores hasta que reciba la aprobación del CIVC, que tiene que asegurarse de que el vidrio no va a explotar.
Según el comité francés, la prueba de G.H. Mumm ha despertado un gran interés entre otros productores de champán.
Hasta la fecha, Pommery, la casa de champán propiedad de Vranken-Pommery Monopole, es la única que utiliza botellas de 835 gramos. La empresa comenzó a aligerar sus envases en 2003 y ahora transporta 4.000 botellas más por camión. Se calcula que si todas las casas de champán redujeran el peso de las botellas, el número de camiones se reduciría en 3.000 al año.
Los productores de champán británicos han advertido de que, si los productores de la bebida deciden cambiar el peso de las botellas, al final, los envases tradicionales de 900 gramos serán difíciles de conseguir.
Michael Roberts, fundador del grupo británico de vino espumoso RidgeView Estate, cree que su representante en Francia empezará a recibir la primera remesa de botellas más ligeras el próximo año.
Roberts recordó que el coste de los envases de vidrio ha aumentado un 40% el último año, cuando los productores de vidrio empezaron a sufrir las consecuencias de la subida de los precios energéticos.
Además, el aumento del consumo de refrescos y alcohol envasados en botellas de cristal en los mercados emergentes de América Latina y de Europa del Este ha provocado una escasez de envases de vidrio en todo el mundo. Algunos productores vinícolas como el australiano Banrock Station han decidido envasar la bebida en Tetra Paks para ahorrar costes (Expansión.com).