En Luján, en un impecable entorno de viñas y montañas, Bodega Séptima seduce a quien transita por la Ruta 7 con su magna construcción de piedra. Seguramente si no la ha visitado, la reconoce de todas formas, por su imagen que retrotrae a las antiguas pircas, esas paredes de piedras naturales que utilizaron los indígenas en toda la cordillera.
Perteneciente a Codorniú, reconocida casa vitícola de España, la empresa muestra nuevos bríos en su propuesta turística. Así los característicos atardeceres, almuerzos, degustaciones y visitas guiadas, presentan aires renovados.
Cuando en el Oeste el reloj marca las 21, luego de un recorrido por las instalaciones de la bodega, comienza la degustación en la terraza para vivir el crepúsculo mendocino como en ningún otro sitio. Vinos, espumantes y tabla de quesos, dan paso a los comentarios sobre métodos de elaboración, características y curiosidades, según el grado de conocimiento del visitante. Se busca que quienes asistan se queden a disfrutar del entorno, que se sientan cómodos y compartan, junto a las burbujas, interminables charlas. “Queremos que los visitantes sean nuevos amigos, que se enamoren del lugar”, señala Noelia Pérez Arrieta encargada de Marketing. Tarea nada difícil por cierto.
Los extranjeros generalmente llegan con vastos conocimientos de vinos. Por ello cada experiencia se adecua en el momento, personalizando cada visita; la flexibilidad es meritoria. En el programa Nuevo Mundo-Viejo Mundo la idea es dar a conocer los espumantes y vinos de la firma con dos representantes de La Rioja, España, 2 de Napa Valley y los que se producen en Mendoza. Así se comparan terruños y cualidades. Otra opción para estos consumidores es la degustación especial que se realiza directamente desde los tanques de acero inoxidable y desde las barricas. Para quienes no cuentan con un bagaje sobre el tema, bien vale la visita guiada que cada día puede tomarse de 10 a 17.
Para la época de cosecha, Viví Vendimia es ideal. Incluye desayuno en los viñedos para luego avanzar sobre un cuartel seleccionado por el enólogo y comenzar la tarea de cosecha. Más tarde se degustan vinos del varietal seleccionado, de un año anterior, pero los noveles trabajadores no se quedan con las ganas de probar sus caldos, por ello luego de la prensa degustan el jugo de sus uvas. El broche de oro es el almuerzo en el restaurante María.
Y aquí nos detenemos. Con una inmejorable vista hacia los viñedos y a los Andes que mantienen sus eternas nieves, un verdadero culto a los sabores realiza Matías Podestá, chef insigne. Bajo la custodia de las obras de Ernesto Bertani o en la terraza al aire libre, con los caldos de la casa, se disfruta el menú de 4 pasos. Consiste en variadas tapas, verdes y crocantes, bondiola en cocción lenta con su jugo o filet, y una degustación increíble de postres con tintes locales y catalanes, haciendo un tributo al origen de la empresa.
Y de esta manera llegamos al final, con una bodega más en nuestro repertorio y muchas alternativas para vivir la vendimia 2008 a gusto y piaccere.
Vinos con historia
Son tantas las vendimias que ha vivido esta tierra, son tantas las copas que se han alzado para brindar, son tantas las bodegas que ocupan este terruño. Sin embargo cada cosecha tiene sus colores, cada brindis suena distinto y cada casa vitícola hace sus vinos con un saber colectivo, pero con su toque individual.
Y si de particularidades se trata, Lagarde tiene las suyas y las toma como ventaja comparativa. Allí se elaboran vinos con tradiciones que han sabido esquivar los cambios de mando o de firmas y se han hecho inmunes al paso del tiempo. Y eso lo que le da personalidad y lo que cautiva a los turistas de aquí y de más allá con el fin de llevarse el testimonio vivo de los hacedores del vino. Y sin dudas que lo logran.
Casa centenaria
Los tours que llevan al corazón mismo de la bodega tienen varios pasos que cautivan por igual. El viñedo de Malbec, que corre en hileras que no saben de rectas detrás de la construcción tiene el encanto que le otorgan sus más de 90 años. Los olivos y los frutales que se yerguen por encima de los espalderos terminan de confirmar la antigüedad. El caballo que trabajosamente lleva el arado es otro de los atractivos. No se trata de algo para darle color, sino que por ser una viña añosa, su disposición imposibilita el ingreso del tractor.
La champañera, es una de las postas más cautivantes, que más habla de un saber hacer que pasa de generación en generación. El método utilizado es el champenoise. Es decir el artesanal por pupitres y con rotación. Hoy tan sólo dos personas son las encargadas de llevar adelante el proceso, con cuyo resultado después se deleitan muchos. Ellos aprendieron el oficio de Don Moreno, quien por unos 45 años fue el único encargado de este proceso manual y de paciencia.
Después de haber comprendido cómo se elaboran los vinos de alta gama de la casa, es el turno de ir al Wine shop que funciona en una casona centenaria que está en pie desde que la bodega vivió su primera vendimia. Allí los visitantes pueden degustar los caldos y luego comprar los que deseen. También es el sitio para seguir aprendiendo y conociendo datos que llaman mucho la atención. Uno de ellos es que se atesoran en la cava - y están a la venta-, unas 700 botellas de un semillón del 42. Resulta que cuando los últimos dueños adquirieron la bodega se encontraron con una barrica que contenía este viejo vino. Tras hacer los estudios pertinentes descubrieron que el tiempo lo había cambiado, pero que no lo había dañado. Así es que se embotelló y por $ 700 el que quiera se lo puede llevar a su casa. Ajerezado por lo abriles que peina, hoy marida a la perfección con los postres.
Delicias en la bodega
Las propuestas que giran en torno al turismo en Lagarde son varias. Además de las vistas guiadas, también están disponibles las clases de cocina al atardecer. La idea es que los visitantes, además de conocer la casa, aprendan a elaborar algunos platos de corte regional usando horno y parrilla. Más opciones entretenidas son los campeonatos de cosecha o de armado de blends.
En la bodega funciona un restaurante que vendría a ser una excusa más para descorchar botellas. Con capacidad para 30 cubiertos abre todos los medio días y por la noche con reservas. El menú es estacional y el vigente actualmente consiste en una degustación de panes saborizados y delicias criollas, un trío de empanadas al horno de barro, un bife de chorizo con ensalada del día y salteado de papines y una degustación de postres y petit fours para cerrar. ($ 100 por persona). San Martín 1.745, Luján de Cuyo.