La presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, llevó personalmente ayer a Mendoza el anuncio del decreto que prorroga por siete años la exención de los impuestos internos al consumo de champán y vinos espumantes. Con la medida, a la que adhieren 60 empresas productoras, las firmas asociadas en “Bodegas Argentinas” se comprometen a invertir el 125% de lo que hubieran tributado los contribuyentes por el pago del impuesto interno.
En sus palabras la presidenta también adelantó que hubo un crecimiento del 8,7% en el Producto Bruto Interno, al registrarse en el mes de diciembre un incrmento del 9,7% interanual, medido mes contra mes.
En un discurso muy similar al que pronunció en la provincia de Entre Ríos cuando visitó Granja Tres Arroyos, CFK, resaltó cuatro ejes que se tornan en el núcleo de su mensaje.
El primero la cultura del trabajo. Una vez más, dedicó un párrafo a la inmigración paupérrima bajada de los barcos, que vino a hacer la América, tal como lo había hecho en Entre Ríos, y a fuerza de trabajo levanto un país.
En segundo lugar, el contraste con la década del noventa, y el modelo que apostó a los servicios y subestimó la producción, precisamente al adelantar las cifras del crecimiento del PBI, al que asoció con mayor ingreso de divisas, consumo interno y empleo.
Con el tercer eje, la presidenta pivoteo nuevamente el contraste entre los empresarios innovadores y competitivos con el lamento de los que solo esgrimen el clamor de la rentabilidad. Así CFK advirtió que la medida para desgravar el champán no la llevaba el gobierno como una dádiva.
“Este decreto que venimos a entregar, no como un presente, se lo han ganado los productores. Nadie regala nada. No me gustan los países y las sociedades donde las cosas se regalan”, aclaró la presidenta.
También adelantó cifras provisorias de exportaciones vitivinícolas en torno a los 650 millones de dólares como un récord histórico, y elogió el cambio de rumbo que tomaron los bodegueros cuando el gusto de los consumidores locales terminó por desplazarlos del mercado interno.
“Qué hizo el productor, el empresario. Giró al vino Premium, al vino importante, para lograr exportación, y entonces lo que había perdido en el mercado interno, porque los gustos del consumidor van cambiando, lo logra en competitividad e innovación tecnológica”, resumió CFK.
Para el gobierno “esos son los empresarios que la Argentina necesita, no aquellos que lloran cuando las cosas van mal y entonces solamente piden el auxilio del Estado”.
En lo que podría considerarse como los consejos de la presidenta para buscar ayuda oficial, la primera mandataria sugiere que antes de gritar como llorones, los empresarios quejosos imiten a los ingeniosos.
Estos últimos son los que “imaginan como tornarse competitivos como ir a buscar mercados y ahí sí buscan ayuda del Estado para en esa sinergia entre Estado y capital privado, puedan lograr cerrar el círculo virtuoso que llega finalmente a todo los argentinos”.
El cuarto punto que se repitió en el mensaje presidencial hizo foco nuevamente en la legitimidad de las urnas que la llevaron al gobierno y el proyecto de país que representa.
Una propuesta que debería ser defendida por todos los argentinos en su lugar de ciudadanos “cualquiera sea el rol que ocupemos”, incluida la oposición obviamente.
CFK agradeció al final la confianza de los mendocinos que la eligieron y los que no la votaron, y aseguró que “voy a dejar todo lo que tengo y toda mi vida en esta tarea de transformar y profundizar un proyecto popular y nacional”.