A los ejecutivos interesados e incluso fascinados por el vino pero que no saben muy bien cómo adentrarse en este mundillo, quizás les sirva más el artículo que publicamos hace unas semanas “Cómo convertirse en un loco del vino”. Otros que disfrutan bebiéndolo pero reconocen no tener mayor interés en el tema, se encuentran un tanto perdidos y necesitados de manejar ciertas marcas y conceptos en sus relaciones profesionales.
En esta situación, lo más difícil es presentar de forma sencilla y accesible un mundo que, en el fondo, es tremendamente amplio y complejo. Pese a ello y con el objetivo de no desentonar en las relaciones sociales y profesionales, ahí van nuestras sugerencias.
Cuestión de tacto
Sea prudente. Si no conoce bien a su interlocutor (algo muy habitual en situaciones de negocios), no se de el pego de que sabe mucho de vinos. La persona que tiene frente a usted puede muy bien ser un aficionado con conocimientos superiores a los suyos.
Sea modesto. En el país de los ciegos el tuerto es el rey. Si se da la casualidad de que usted es el que más puede hablar del vino, no abuse de su posición. Puede acabar corriendo la leyenda de que es un “experto” y eso podría ponerle en aprietos otro día. Puede decir que conoce a algún buen aficionado que siempre le recomienda excelentes vinos.
Cómo reconocer a un “falso experto”. Este personaje, bastante habitual e intimidatorio, normalmente maneja más marcas que conceptos, presume de conseguir vinos excelentes y tiende a utilizar calificativos, de signo positivo y negativo, en fase superlativa. Pero rara vez habla de variedades de uva, añadas o de las características de una zona vinícola, ni realiza valoraciones sobre la estructura, la complejidad o la persistencia del vino. No le lleve la contraria porque se volverá aún más insufrible, pero no se amilane ni se deje impresionar por su palabrería.
Huya de los excesos. No caiga en gestos extremos como pedir el vino más caro de la carta. Además del daño irreparable para su bolsillo, puede tratarse de vinos especialmente complejos que requieran un servicio especialmente cuidado (decantación, descorche anticipado de la botella…). A no ser que alguno de los comensales lo pueda apreciar en su justa medida, todos disfrutarán mucho más con un vino algo más fácil pero de alta calidad y que no necesite tanto desarrollo en la copa.
El precio. Salvo excepciones, los restaurantes cargan de forma significativa los vinos. Así que etiquetas que se comercializan en el entorno de los 20-30 $, como poco se situarán a partir de los 45 $. Para ir sobre seguro, no pida vinos de menos de 30 $ (aunque obviamente hay etiquetas de excelente relación calidad-precio, se evitará sorpresas desagradables). Tampoco hay motivo para gastar más de 80 $ en una botella, a menos que desee un vino muy concreto y especial.
Si invita. Adapte la comida y el vino al objetivo de la reunión. Seguramente no todos los clientes o contactos tienen la misma importancia, ni todas las reuniones la misma finalidad. El hecho de que el lugar y el vino “encajen” tanto en calidad como en precio le hará sentirse mucho más cómodo.
Cuando necesite que todo salga “perfecto”, no se limite a realizar una reserva en un buen restaurante. Anticípese al máximo. Pida una “buena” mesa (mejor redonda si son más de cuatro y bien ubicada) o incluso plantéese utilizar un reservado. Infórmese previamente de las especialidades culinarias y de las referencias más interesantes de la carta de vinos para tener dos o tres propuestas en mente que ofrecer a sus invitados. Si el restaurante tiene un buen sumiller, le facilitará tremendamente la elección del vino.
Si no ha tenido tiempo de preparar la comida y se encuentra sentado de repente frente a una extensísima carta de vinos, siempre puede utilizar el argumento de relacionar el vino con la comida para justificar su elección. Intente ir más allá del trasnochado “tinto para carne y blanco para pescado”.
Si le invitan. Es una posición más fácil porque no tiene que llevar la voz cantante. Si le interrogan sobre el vino siempre puede delegar amablemente en su anfitrión o dar una indicación genérica de lo que le apetece: más allá de blanco o tinto, puede hablar de una variedad concreta.
Conceptos básicos sobre vinos
Es lo mínimo de lo mínimo que debe conocer para que no le suene todo a chino.
Variedad de uva. Es una información habitual en la etiqueta y a la que se refieren a menudo los expertos. Haga una lectura general sobre el tema para tener nociones básicas, sin olvidar que el Malbec es el vino tinto argentino mientras que el torrontés es el blanco representativo.
Añada. Es una de las informaciones básicas en la etiqueta. Como norma general, pida tintos jóvenes y blancos de la última añada (a no ser que estén criados o fermentados en madera), reservas de la añada en curso (ahora toca 2004 y los 2005 que empezarán a aparecer de aquí a final de año) y tintos de reserva o genéricos de la cosechas de más calidad de los últimos años.
Servicio. En el restaurante debe exigir que el vino se sirva en perfectas condiciones. Si hay sumiller, lo más probable es que realice la ceremonia habitual. Si usted actúa como su interlocutor, le enseñará la botella antes de descorcharla y le dará a catar el vino esperando su aprobación para servirlo al resto de la mesa. Fíjese en que las copas estén limpias y no tengan olores raros y en que el vino tiene la temperatura adecuada.
Vinos y platos. Nadie se asusta hoy en día de que uno tome el plato y el vino que le apetezca sin pensar en armonías. Si quiere ser más comedido, siga la lógica y busque vinos ligeros para platos ligeros y vinos corpulentos para platos más consistentes. Le damos algunas sugerencias de vinos ordenados de menor a mayor corpulencia.
¿Cuál es la especialidad del restaurante? Muchas veces la comida se justificará por el simple hecho de hacerle probar al invitado un plato concreto. En caso de ser así, es importante atinar en la elección de un vino que ayude a realzar al máximo la comida. Solicite previamente consejo al propio restaurante o siga nuestras recomendaciones sobre platos y vinos.
Algunos “tics” de experto que le ayudarán a quedar bien
Pedir que enfríen un tinto. No todos los restaurantes cuentan con un adecuado sistema de conservación para sus vinos. Si le sirven un tinto en verano a temperatura ambiente, pida que lo sumerjan entre 10 y 15 minutos en una cubitera con agua y algunos cubitos de hielo.
No dejar que le sirvan de una nueva botella si aún le queda vino en la copa. Entre dos botellas del mismo vino puede haber variaciones. Imagínese que la segunda tiene un defecto de corcho. Si espera para servirla, no contaminará el vino que tiene en la copa.
Preocuparse por las añadas. Es la típica pregunta de experto, pero por favor no la haga si no tiene claro la cosecha o cosechas que desea tomar.
Comer con un espumoso. Si quiere tirar la casa por la ventana, puede incluso ser un champagne. Tenga en cuenta que si ese vino va a acompañar toda la comida deber tener cierta estructura y en ese caso hay que elegir un estilo de crianzas más prolongadas.
Y no olvide que el mundo del vino está lleno de notables excepciones. Lo que le damos en este artículo son consejos para comportarse con sensatez y no dar la nota. Es un mínimo para empezar con buen pie, así que no intente presumir demasiado porque cualquier aficionado se dará cuenta enseguida de que va bastante justo de conocimientos. Sólo esperamos que le acabe picando la curiosidad y desarrolle cierta pasión por el vino.