Mientras tanto, los bodegueros franceses fortalecen sus organizaciones enoterroristas y ultiman a Sarkozy; exigen más subsidos y que se legisle la autorización para utilizar chips.
Los consumidores y productores de los denominados países del "Nuevo Mundo"- Argentina, Chile, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y de Estados Unidos- están transformando el mercado mundial del vino. Según la Organización Internacional de la Viña y del Vino, en 1980, éstos países contaban con una participación del 1,6% del mercado internacional, y hoy ostentan el más del 25%. Asimismo, los países consumidores incrementan sus importaciones del nuevo mundo en detrimento de los productores tradicionales que deben encima sufrir las vertiginosas caídas de sus propios mercados internos. Francia, por ejemplo, redujo a la mitad su consumo interno en menos de 30 años mientras que Asia lo incrementó en más del 20% en la última década.
Las últimas noticias nos indican que los productores italianos proyectan alianzas corporativas para enfrentar la competencia. Mientras, en Francia se mantienen vigentes los grupos que, ya desde 2005 promocionaban la acción directa para fomentar medidas proteccionistas y de subsidios.
Piden un consorcio italiano (Fuente: El Mundo Vino)
Los bodegueros italianos deberían formar consorcios o alianzas para poner freno a la creciente competencia de vinos del Nuevo Mundo, según han afirmado los organizadores de una de las principales ferias vitivinícolas de Italia. Italia es el segundo productor mundial de vino pero, junto con Francia y España, ha de hacer frente a una presión cada vez fuerte de competidores de América, tanto del norte como del sur, Australia y Sudáfrica. "El modelo italiano de 'lo pequeño es hermoso', con una miríada de pequeñas bodegas que han hecho que el vino italiano sea conocido en todo el mundo, corre el riesgo de hundirse en una crisis por culpa de la globalización de la competencia y de un euro superfuerte", han afirmado en un comunicado público los organizadores de la feria vitivinícola Salone del Vino, de Turín, en referencia al elevado valor del euro frente a otras divisas.
"El sector del vino italiano debería ajustarse a las condiciones cambiantes del mercado al objeto de potenciar su competitividad", han añadido los organizadores, que han instado a los productores italianos a montar urgentemente consorcios que promuevan sus productos en el extranjero, a aumentar las ventas y a reducir los costes. Algunos pequeños productores de vinos de Italia, como los que elaboran el famoso tinto Chianti de la Toscana o sus primos de un segmento del mercado de calidad superior, el Rosso y el Nobile di Montepulciano, por ejemplo, ya han unido sus fuerzas para promocionar sus vinos en el extranjero.
Otro modelo de colaboración está representado por la cooperativa vitivinícola CAVIT, el quinto mayor productor de vinos de Italia por volumen. La cooperativa reúne a más de 4.500 vinicultores de la región del Trentino, al norte del país, es propietaria de 11 bodegas y produce 75 millones de botellas al año. Los mercados exteriores, especialmente los de Europa y los Estados Unidos, son el principal campo de batalla de los bodegueros italianos, que dominan su mercado nacional.
Enoterrorismo en Francia (Fuente: The Times)
Pueden ser unos novatos en esto de los atentados y los pasamontañas, pero los 'comandos del vino' franceses están decididos a llamar la atención. Por lo general más vinculados a los placeres de la vida, los productores franceses se han sumido en la pesadumbre por los rendimientos cada vez menores y los excedentes cada vez mayores a que les aboca la competencia del Nuevo Mundo. Sin embargo, en lugar de adaptarse, algunos le echan la culpa al Gobierno. En una extraordinaria demostración de descontento (y de alejamiento de la realidad), han jurado que perpetrarán atentados terroristas si Nicolas Sarkozy, su nuevo presidente, no hace algo para sostener los precios.
Siguiendo una costumbre que es habitual desde Bilbao a Bagdad, varias siluetas enfundadas en pasamontañas le dieron un ultimátum a Sarkozy a través de un vídeo emitido por la televisión francesa. "Si en un mes no cambia nada", amenaza, "y los precios del vino no vuelven a subir, los productores pasarán a la acción".
Podría parecer gracioso si no fuera por el historial que presentan estos matones: los tipos encapuchados eran miembros del CRAV, un grupo activista del Languedoc, en el sur de Francia, que ya ha disparado contra camiones que transportaban vino extranjero y ha protagonizado actos de vandalismo en supermercados de los que se sospecha que "colaboran" con proveedores foráneos. "No es más que un calentamiento", asegura un portavoz del grupo, que advierte de que "correrá la sangre" a menos que Sarkozy tome cartas en el asunto y apoye a una industria que se tambalea.
Sarkozy ha enfurecido a los dirigentes sindicales con sus promesas de que con una serie de reformas en el mercado hará que Francia vuelva a funcionar. Pero el resentimiento de los productores contra el presidente puede tener que ver más con la circunstancia de que él no bebe alcohol. "¿Cómo podemos fiarnos de un presidente al que no le gusta el vino?", pregunta Philippe Prévert, un productor del Loira.
Puede ser una herencia de la revolución, pero los franceses, desde los granjeros a los pescadores, están acostumbrados a que sus trabajadores vivan en un estado de agitación perpetua. La emisión del CRAV, cuyas siglas no significan nada revolucionario, sino Comité Regional para la Acción de los Viticultores, no ha conseguido inspirar demasiado miedo.
En el mundo del vino ha habido hasta muestras de simpatía por la causa. "Nuestros precios no pueden competir con los vinos de Chile o de Sudáfrica", explica Jean-Marc Ribé, cuyo premiado Vin de Pays d’Oc se exporta a todo el mundo. "Un trabajador de la viña gana 150 dólares en Chile y 1.500 en Francia. Yo estoy a favor de la libre competencia, pero no estamos compitiendo con las mismas armas".
Philippe Mendez, otro productor, dice: "Entiendo que ciertos viticultores se sientan desesperados y desamparados". Recuerda que los productores extranjeros no han tenido que aplicar las estrictas regulaciones que se ha impuesto a sus homólogos franceses. "Por ejemplo, los viticultores extranjeros llevan años añadiendo virutas de madera para dar al vino ese sabor a roble que es tan popular, pero a nosotros no se nos permite hacerlo. No es justo".
Hace años que la dominación francesa del mercado internacional se está debilitando por la ofensiva de vinos de calidad y hábilmente promocionados procedentes de países del Nuevo Mundo como Argentina y Chile. El problema es particularmente acuciante para los vinos del Languedoc, cuya producción supera con mucho la demanda.
El CRAV reclamó al Gobierno que impusiera un sistema de precios mínimos para el vino, pero parece improbable que se lleve a cabo en un momento en el que la Unión Europea, que durante décadas ha apoyado con mucha generosidad la agricultura francesa, está subvencionando a Francia para que arranque parte de sus viñas en un intento de aligerar los excedentes.
Dentro del mismo programa, se está transformando vino en etanol para que sirva como combustible de fábrica, en una práctica que a muchos productores les parece un crimen, y eso por no hablar de los chicos en pasamontañas del CRAV. Han recordado una revuelta de los viticultores en 1907 y han hecho voto de permanecer leales al espíritu de un levantamiento "en el que algunos murieron para que las generaciones futuras pudieran vivir de su profesión". El comunicado añadía: "Nos encargaremos de que nuestros hijos sepan lo que es elaborar vino".
Además de tirotear camiones y de prender fuego a uno de ellos, han volado una línea de ferrocarril entre Nìmes y Narbona y han realizado actos de vandalismo contra edificios administrativos y una bodega llena de vino importado. El mes pasado, un supermercado de Magalas, en el corazón del Languedoc, sufrió un atentado perpetrado con un pequeño artefacto explosivo que voló la verja de seguridad metálica del establecimiento.
Stanislas Pujol, encargado de la selección de vinos de la tienda, estaba indignado. "Escogieron un objetivo equivocado", dice. "En este supermercado no vendemos vinos extranjeros. Entendemos los problemas de los viticultores. Mi padre es uno de ellos".
La misma noche del atentado de Magalas, una explosión reivindicada por el CRAV cortó la electricidad del supermercado Leader Price de Narbona. El establecimiento tuvo que destruir alimentos congelados por valor de 50.000 libras. Otros supermercados de la región han visto cómo les hacían añicos el escaparate. Los testigos vieron siluetas con pasamontañas huyendo de uno de los escenarios.
Todo ello ha sido suficiente para despertar la simpatía por la policía secreta francesa, a la que ya pone a prueba el extremismo corso y bretón, por no hablar de la amenaza de los fundamentalistas islámicos. "No va a hacer falta que estos idiotas maten a alguien para que pongamos todo nuestro empeño en paralizar sus actividades", afirma una fuente del Ministerio del Interior. "Quienes se mezclen en esta clase de comportamientos serán severamente castigados".