Sin embargo, como ocurre cada año en la Fiesta Nacional de la Vendimia, hay otros lugares, como los cerros que circundan el escenario mayor, que convocan multitudes.
Llegar no es tarea fácil. Hay que sortear piedras y espinas, en una trepada hacia la altura mayor. No hay sillas ni butacas. Sólo tierra y mucho sol, pero como contrapartida y después de una larga espera se puede obtener una vista espectacular que abarca la totalidad de la escena.
El lugar elegido, que no tiene costo, es tan viejo como la fiesta misma, desde que se hace en este Teatro Griego. “Vengo desde los 14. Empecé con mis padres y ahora me acompaña mi familia”, contó el “jefe” de los Reynoso (junto a su esposa, hijo y novia), ubicado primero en una tribuna natural, a pocos metros de la tela que separa el sector popular de los cerros.
Más arriba estaban las hermanas María, Esther, Hilda y Olga Villegas, quienes habían llegado temprano desde Godoy Cruz. “Es una costumbre, además acá disfrutamos gratis de todo el espectáculo”, aseguró una de ellas, con el asentimiento del resto.
Pero la aventura tiene sus riesgos. Una de las mujeres mostró una rodilla ensangrentada producto de un resbalón y posterior caída. “Ya pasó. Ahora espero la fiesta”, agregó resignada, mientras buscaba un bocadito dentro de una heladera.
En ese contexto las tribunas siguen marcando diferencia con el escenario. La familia Reis (siete integrantes) arribó temprano. Participó del Carrusel y después “tranquilamente nos vinimos para acá”, explica la mujer, aclarando que para ello debieron madrugar ya que viajaron desde La Paz, en el portal de ingreso a la Provincia.
Merienda y cena
El sol de la tarde ayer golpeó sin piedad sobre la montaña y sus ocasionales “ocupantes”. Tal vez por eso se destacaron tantas sombrillas, como paraguas: “Por las dudas, vio”, confió Susana Campín, mientras sostenía uno, dando sombra a un pequeño bebé que dormía plácidamente. Otros estaban más equipados e instalaron carpas de todo tamaño y color.
Los adelantados de siempre llegaron cerca del medio día y ocuparon los lugares más alejados. Ahí estaban John Schiller, oriundo de Nueva York, junto a Janet Lazutkin también norteamericana, pero de Atlanta. Se conocieron en un hostel de Mendoza. El joven tenía entrada pero ella no pudo conseguir una ubicación y así optaron por “arriesgarse” y junto al mendocino Julián se animaron a esta aventura.
Y al parecer la estaban pasando muy bien. La recorrida de Los Andes fue completa y a medida que pasaban los minutos y se acercaba la noche los espacios vacíos se fueron poblando lentamente. Cerca de las 18, es decir 4 horas antes del inicio de la Fiesta, se podían contar varios cientos, según un conocedor del Teatro Griego y los cerros. “Mire ya tiene que haber unas 1.300 personas sólo en este cerro”, a espalda de las gradas de cemento y con la vista sobre el escenario. “Pero -agregó- con seguridad ese número en pocas horas se duplicará”.
Era la hora de la merienda y aparecieron manteles, heladeras, bolsos y después sandwiches (la mayoría de milanesa), gaseosas, mientras la ronda de mate se alternaba con algunos bizcochitos o facturas.
A esa hora el lugar se mostraba como un picnic gigante y varios grupos comenzaron con el ritual de asado y se convirtieron en los más envidiados del cerro.
El Reclamo: Los Baños Químicos
Unas 2.000 o 3.000 personas es un número importante. Sin embargo esa gente tiene un sólo reclamo: "Faltan baños químicos. No pedimos muchos pero algunos...", aseguró Esther Villegas, en un pedido que se reiteró a lo largo de la recorrida por los cerros. El lugar, al oeste del Teatro se encuentra bastante limpio, con "caminos" hechos por los propios caminantes, pero no cuenta con ninguna infraestructura.
Por las dificultades propias del terreno pocos son los vendedores que se le animan. Por ejemplo, ayer sólo se llegaron a contabilizar un par de ellos. Uno ofrecía pastelitos (5 pesos la media docena), mientras que otro ponía en venta un largavista, también a 5 pesos. Por su parte, un vendedor de asientos plásticos sólo llegó hasta las primeras estribaciones y se volvió con la bolsa llena.
No se permite hacer fuego, pero algunos escaparon a esta regla y lo mismo instalaron la parrilla. En tanto, la recomendación de acceder al cerro con luz solar fue cumplida por la mayoría.
Apostillas
Tomeros, presentes. Por segundo año consecutivo, tomeros pertenecientes a distintas jurisdicciones de riego de la provincia, estarán presentes en la primera repetición de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Los acompañarán la Reina del Agua, Priscilla Mateo. Esta iniciativa conjunta del Gobierno de Mendoza con el Departamento General de Irrigación; es parte del homenaje a los hombres que forjaron la cultura del agua.
El rol de los locutores. Los presentadores de la Fiesta Mayor este año aprendieron bien el libreto en otros idiomas y cada uno tuvo la responsabilidad de dar la bienvenida a los visitantes en su lengua de origen. Sin embargo, algunos mendocinos se cansaron del largo discurso de los locutores, que en ese momento -el primer tramo de la noche- tomaron un protagonismo “exagerado”.
Caos vehicular. Las dificultades para estacionar los autos a la entrada del Teatro Griego provocó el disgusto de mendocinos y turistas que no tuvieron otra opción que caminar en subida más de treinta cuadras para acceder a la entrada.
Con el vestuario a cuestas. Antes de actuar en el escenario mayor, los artistas tuvieron que pasar por el mal trago de caminar con sus trajes a cuesta antes de cambiarse, debido a la imposibilidad de acceder en vehículos hacia la entrada del predio.
Lectores de Los Andes. Entre la multitud estuvieron los ganadores de Los Andes. En total 20 mendocinos tuvieron la oportunidad de presenciar la Fiesta Grande desde las tribunas del Frank Romero Day. La idea del sorteo que realizó El Diario fue que los lectores tuvieran la oportunidad de disfrutar cómodamente del espectáculo vendimial 2008.
Sponsors digitalizados. A diferencia de otros años, las pantallas gigantes dispuestas frente al público durante la previa de la Fiesta Mayor no quedaron exentas de la publicidad que apareció en las imágenes una y otra vez. Esta vez, los sponsors predominaron sobre las imágenes de paisajes locales.
Cerro iluminado. Un lugar emblemático en la provincia, visitado por la mayoría de los turistas que nos visitan es el Cerro de la Gloria, que en otras oportunidades se ha caracterizado por ser un sitio peligroso y con poca iluminación. Pero en esta ocasión el cerro se puso a tono con el entorno y lució diferente, con varios reflectores que lo destacaron en la noche.