La noticia que se transcribe a continuación fue escrita por Patricio Tapia para el sitio
planetavino.com. Por estos pagos, Tapia es conocido por su excelente programa televisivo "Terruños de Latinoamérica", en El Gourmet TV. (
¿Sigue sin conocerlo? Vea su video-visita a la Bodega San Pedro de Yacochuya) .
A continuación la nota:
En su resumen del año, Patricio Tapia habla de la goleada que nos dio Argentina; también de litros per capita y, claro, del Maule. Otra vez.
La noticia puede ser la paliza.
Argentina-Chile: 6-0. Como en el fútbol, pero no en el fútbol, sino que en el
vino. Acaba de salir el informe de Robert Parker en el Wine Advocate (a través de uno de sus expertos, Jay Miller) y se volvió loco con los tintos argentinos. Si el mayor puntaje de Chile fue 97 (para Carmín de Peumo), para Argentina hubo seis 98s y un 98-100, nada menos. Si Chile obtuvo 58 vinos con 91 puntos y más, Argentina obtuvo 96 vinos entre esos márgenes. Fue una paliza y no quiero decir que lo dije, pero lo dije en 2001 (ir a nota) cuando me preguntaron por el futuro de Argentina y usé la palabra “`pesadilla” y cuando también muchos compatriotas ninguneaban de lo lindo a nuestros vecinos: que no tenían clima, que no estaban al tanto de lo que pasaba en el mundo del vino. En fin.
¿Cuál es la importancia de este resultado, la impresionante preferencia por Argentina que acaba de demostrar el medio más influyente de Estados Unidos y quizás del mundo? En términos de industria, no se trata de una voz de alerta, sino que definitivamente de una llamada urgente a los bomberos. Sin embargo, para los consumidores, al menos para los chilenos, no es más que la expresión de un gusto personal, alguien que –por muy importante que sea- ha dicho que los vinos argentinos están hoy mejor parados que los chilenos o que, al menos, son mejores en esa escala de cien puntos. Más allá de que alguien pueda sentirse herido en su orgullo patrio, la realidad no es más que ésa: el
Wine Advocate está con Argentina.
Esta puede ser la gran noticia del año para Chile, pero también hay otra quizás aún más preocupante.
Nuestro consumo interno. Ya sabíamos que los 14 litros per capita son el nivel más bajo de consumo que hemos experimentado en nuestra historia moderna. Ahora hay más. El sábado recién pasado, el diario La Tercera publicó un estudio de AC Nielsen que asegura que la cuota del mercado local que ocupa el vino ha bajado cinco puntos en tres años (de 32,8% en 2005 a 27,8 en 2007). Mientras tanto, y en igual período, la
cerveza ha aumentado en cinco puntos ubicándose bien lejos en el primer lugar con un 46,8% del mercado, mientras que el ron se ubica hoy como la cuarta bebida alcohólica en Chile, luego del pisco. Es un hecho, entonces, que
estamos tomando menos vino. Ahora, que lo que estemos tomando sea mejor no me consta, sobre todo si se piensa que el 90% del vino que se consume en Chile cuesta menos de $3.000. ¿Cuánto vino que realmente vale la pena se encuentra en ese segmento? ¿Qué porcentaje de ese 90% corresponde a vinos con carácter? La respuesta no la tengo, pero sí estoy seguro que ese número se expresa en centésimas.
Todo esto no es sino el reflejo de lo pequeño que es nuestro mercado. Sí, hay gente que está gastando más de tres mil pesos en una botella. Hay gente que regularmente lo hace y que, incluso, gasta más y que parte de eso que compra, lo guarda y que, también, se preocupa de comprar vinos extranjeros y que, por cierto, sabe que una o dos o tres copas todos los días no es sinónimo de alcoholismo. ¿Pero cuántos son? ¿Mil personas? ¿Diez mil? Lamentablemente, ese es el número de personas con las que nos justificamos diciendo que los chilenos estamos “tomando menos, pero mejor”. Tonteras.
Los chilenos estamos tomando más cerveza y ron. Esa es la realidad.
¿La forma de aumentar el consumo de buenos vinos? No lo sé, aunque imagino que habrá que definir quiénes son los que gastan tres mil pesos y seducirlos como sea para que gasten algo más. Dos mil pesos más que, en términos de vinos, puede significar mucho. Del cielo a la tierra, en algunos casos. Esa debiera ser la estrategia obvia y la que muchas viñas deben estar aplicando ya hace rato porque saben que es impresentable que si Chile espera tener un nombre de respeto en el mercado mundial del vino (sobre todo siendo un país tan pequeño), no puede tener esos niveles de consumo.
A pesar de estos números y de estos puntajes, yo sigo siendo optimista. Creo de verdad que Chile está produciendo vinos de gran interés, pero que aún el mercado mundial no conoce. Hablo de los sauvignon blanc (de algunos), de los grandes cabernet sauvignon del Alto Maipo, de los tintos del Maule, de un par de chardonnay de Limarí. Tal como en el futuro cercano es probable que la vida para las viñas que producen alrededor de cien mil cajas se vuelva cada vez más complicada ante la avalancha de los monstruos del vino y que el tema esté entre los grandes bien grandes y los chicos bien chicos, también es probable que las viñas que hoy estén apostando a ofrecer otro syrah más, otro cabernet más, otro chardonnay más las vean negras, mientras que los que están tratando de hacer cosas diferentes, respiren con más calma.
Mis vinos favoritos este año, lo mejor que he probado, corresponden a ese segmento:
tintos de clima frío, grandes cabernet del Maipo, sauvignon blanc que se alejan del molde neocelandés y que intentan ofrecer algo chileno, chardonnay del Limarí que poco a poco encuentran su estilo. Para más detalles, pueden ver los ranking del Descorchados, allí está todo lo que creo vale la pena probar y que probablemente el mercado descubra en un tiempo, aunque no puedo poner las manos al fuego por esos vinos y los puntajes que reciban en el Spectator o en el Advocate. Eso ya es otro cuento.
Este 2008, en el planetavino, seguiremos insistiendo con esos vinos y es probable que más que nunca destaquemos esos segmentos de la escena local, como también es probable que
viajemos más que nunca al Maule en busca de vinos de verdad. Eduardo Brethauer acaba de publicar en este sitio una interesantísima columna sobre esa zona, allí donde la identidad no está en manos de una agencia de publicidad, sino que se respira y se vive. Eduardo poco a poco se ha especializado en esa área y perfectamente pueda ser ésa una de las razones principales por las que lo hemos invitado a ser parte de nuestro equipo. Así, tal como suena: vamos a darle bombo al Maule y a las viejas parras que allí sobreviven a duras penas porque ese es nuestro pasado y, creemos, nuestro futuro.
La paliza que nos acaba de dar Argentina no es una noticia en el planetavino. La noticia es la comunidad de syrah de Casablanca y San Antonio, los nuevos proyectos en Malvilla y Lo Abarca, los carignan del Maule, los cabernet de Pirque, de Huelquén, de Macul, los chardonnay de Limarí y quizás qué otra cosa que esté por venir. Allí y no en los puntajes de Parker o en la imagen que estemos tratando de vender al mundo, es en donde está el vino chileno real, el que nos interesa, el que se debiera descubrir.
¿Se descubrirá? No lo sé. Ni idea. Es probable que no porque seguramente seguirán imperando en el mercado vinos hechos con la misma tijera, orientados al mismo gusto, diseñados para agradar. Coexistiendo con los estudios que hoy paga (en millones de millones) la industria para descubrir qué vinos tienen más éxito en el mercado norteamericano o en el inglés, codo a codo con gente que cree que hay que hacer vinos como bebidas de fantasía para ciertos mercados y que para eso hay que contratar a gente que puede darnos una fórmula; contemporáneo al deseo cuasi desesperado de encontrar una raíz, una identidad nacional (una Evita, un tango, un Maradona que no existe) en nuestro vino y así poder vender algo más que lo que está dentro de la botella; junto a todo eso, creemos que seguirá creciendo una comunidad de personas que siente que el camino está en otra parte.
Dentro de nuestras posibilidades, trataremos de mostrarles el trabajo de esa gente, un grupo que derechamente puede cambiar el destino del vino chileno.