Con una mano de obra relativamente barata (comparada con otros países del mundo) la prepoda y cosecha mecanizada parece una inversión un poco complicada. Aunque algunos aseguran que es más cara, para otros con grandes promedios por hectárea resulta una idea atractiva, especialmente si observan la reducción de riesgos y costos, explica en una nota publicada por Día a Día del Vino, la periodista María Soledad González.
Desde hace varios años, países como Chile, Estados Unidos y Francia utilizan este tipo de maquinarias. El por qué es muy sencillo, primero porque la mano de obra es muy cara como para afrontar una cosecha y segundo, pero no menos importante, porque la máquina cosecha bastante más rápido que una cuadrilla de obreros de viña.
La cosecha mecanizada
Aunque según los últimos datos del INV durante la cosecha 2006 sólo el 1% de los viñedos que se cosecharon fue por medio de cosechadoras mecánicas, algunas tendencias indican que podría llegar a convertirse en una opción.
A principios de enero del 2007 desde bodega Graffigna aseguraron que durante la pasada vendimia probarían la cosecha mecánica en unas 70 hectáreas, propiedad de la bodega de Pernod Ricard. Así se sumaron a las empresas que ya lo venían haciendo como Peñaflor y Casa Montes desde hace varios años, aunque todavía los números en este sentido no son significativos y constituyen en todo el país sólo un puñado de bodegas.
En países del nuevo mundo es mucho más común ver el uso de este tipo de máquinas y herramientas, por lo tanto se habla de una vitivinicultura más mecanizada que la que actualmente tiene nuestra vitivinicultura comparada con otras actividades agrícolas que se realizan en el país.
La empresa Siembra Neumática y su proveedor en Europa I.ME.CA.- SACAIA aseguraron que "en la actualidad, en Europa debido al costo de la mano de obra y el aumento de hectáreas en las fincas se hace necesario que todo sea mecanizado". Desde Italia aseguran que no es necesario una gran inversión si se lo compara con los beneficios y ahorros a futuro de la mecanización.
Así mostraron que las máquinas no sólo sirven para la cosecha sino también para realizar labores culturales dentro del viñedo como por ejemplo la prepoda. Según los datos brindados por la empresa italiana una máquina cosechadora en Europa ronda los 70.000 euros. En Argentina, aunque algunas empresas la comercializan para su venta, la principal forma de acceder a este tipo de herramientas es a través del alquiler que ronda promedio entre los $800 a $900 por hectárea.
Se calcula que para la vendimia se emplean unas 60.000 personas (entre las que se incluyen los obreros permanentes de fincas) de las cuales entre 15.000 a 20.000 son obreros golondrina que vienen de provincias del norte o de países vecinos. Datos provisorios del INV indican que de la cosecha 2007 se levantaron unas 221.709 hectáreas, por lo tanto esto demuestra la artesanalidad de la industria.
Los pro y los contra
Entre las ventajas, uno de los principales factores por los que algunos productores que tienen uvas con un rendimiento un poco mayor (desde los 120 quintales) podrían invertir en la mecanización es porque de esta forma se evitan pasar por los problemas típicos de la época de vendimia cuando faltan los obreros para levantar la cosecha y además porque reducen costos.
Los detractores de este tipo de máquinas aseguran que disminuye la calidad del vino, ya que rompe el racimo cuando lo cosecha. No obstante, durante la última Evico uno de los vinos blancos que resultó seleccionado entre las quince muestras representativas de la calidad de la cosecha 2007 de toda la Argentina fue un producto derivado de la cosecha mecánica, lo que deja algunos interrogantes en este aspecto. Aunque es indiscutido que los vinos de alta calidad enológica requieren del corte de racimos en forma manual.
Otra de las debilidades es que para lograr una cosecha de este tipo hay que cambiar en algunos casos el sistema de conducción y adaptarlo para que la cosechadora pueda realizar su trabajo, ya que los técnicos aseguran que se necesita que el cordón de racimos esté a unos 50 u 80 centímetros del suelo.