El camino a Machu Picchu, con sus pasos, barrancos y vistas de montañas impresionantes, con su variedad de microclimas, que comienza en la zona árida en el valle de Urubamba, sube a través del bosque de Polylepis y termina en el bosque de nubes donde crecen orquídeas y bromelias, esconde relatos, cargados de mitos y verdades. Historias de los incas, historias de los que lo han recorrido después de que el incanato había desaparecido.
La ciudadela y la senda por las montañas que llevaba a ella, fueron abandonadas durante la época de la conquista. Los años sobrevinieron y el bosque se encargó de ocultar todo.
Los soles de 1915 iluminaron a Hiram Bingham, para que encontrara el Camino del inca y todos los sitios arqueológicos a su vera. Empezaba otra historia, la de los que querían - aunque suene remanido es así- caminar sobre las huellas de los hijos de Tupac Amarú.
El clásico
Cuatro días y tres noches dura el trekking por el camino de los hijos del sol en su versión más clásica. Si bien hay otras propuestas en materia de excursiones para llegar a Machu Picchu, esta opción es la más solicitada.
El Km. 82 de la vía del tren que conduce a Aguas Calientes, es el puntapié inicial de esta propuesta. En primera instancia el trekking es suave y en bajada por el cañón del río Urubamba. Los imponentes andenes esculpidos de Llaqtapata, son un atractivo de esta jornada. Después, valle arriba se llega hacia Huayllabamba, el último pueblo habitado de la zona.
Lo que acaba de tomarle unos segundos de lectura, implica más de 7 horas de caminata. Los turistas, con este primer día, ya tienen un panorama más o menos claro del gran esfuerzo que el itinerario implica.
Después de la cena, los guías preparan a los aventureros para la caminata del día siguiente que es la más demandante. Muy temprano todos rumbean a sus carpas, porque la hora prevista para arrancar está indicada por las primeras luces.
El temible día 2
Este día no goza de mala fama, es realmente complicado y el esfuerzo físico es grande. La cita es en la empinada ladera del valle de Llullucha y el bosque encantado de árboles polylepis nativos.
Esa jornada el paisaje juega a obnubilar a cada momento, por ejemplo: tras pasar el borde de una pequeña meseta, abruptamente se accede en la puna a las praderas despobladas de árboles. El camino atraviesa una cuesta, el paso Warmiwañusca de 4.200 metros y después otro abrupto descenso por la quebrada de Pacasmayo. A la noche, el cansancio es inenarrable.
Tras esa experiencia ya nada parece complicado.
La tercera jornada espera con el ascenso de una escalinata incaica y con el pequeño sitio Inca de Runkuracay. Después llegan los sitios panorámicos para divisar los picos de la cadena del Pumasillo. La siguiente posta son los resabios del Pueblo Inaccesible, un laberinto de casas, plazas y canales con agua, que penden de una espuela rocosa sobre el valle del Aobamba.
El Camino del Inca -que por esos lares muta en una gran estructura de adoquines de granito, reforzada por altos muros de contención- corre paralelo al bosque nublado. Orquídeas, bromelias, musgos y helechos acompañan a los caminantes. Los peñascos coronados con plataformas de observación hacia el complejo arqueológico de Phuyupatamarca (Ciudad al nivel de las nubes), son más encantos.
Una nueva escalinata, labrada en granito vivo, es la senda que se transita para llegar a Wiñay Wayna (Siempre Joven), el más grande e increíble de los sitios arqueológicos que preceden al Machu Picchu.
Ése es el ámbito para pasar la última noche. Las carpas son armadas cera de un refugio. Es como si fuera un enclave de la urbe en el medio de la nada. Tomar una gaseosa o comer algo rico, son placeres que ningún aventurero se pierde. Después, música y baile para celebrar que la mañana siguiente se llegará a la meta. Todos parecen olvidar el cansancio y se disponen a unos momentos divertidos, en el corazón de la montaña y a un paso del Machu Picchu.
El último día de trekking
Comienza muy temprano, a las 4. Una ladera cuesta arriba a través de un húmedo bosque de nubes lleno de helechos de grandes dimensiones, es el escenario antes de llegar a la Puerta del Sol, siempre abierta. Allí, la toma cenital del Machu Picchu cruzado por los haces de luz de un sol que acaba de amanecer, a la que tienen acceso los ojos de los que llegan caminando, es un impulso señorial que conmueve.