Pero la firma de Luigi Bosca no esperó a que se potencie y mundialice esta bebida, hoy de gran calidad y reconocimiento mundial. Aprovechando la liberación comercial era toda una fantasía. Pero la firma Luigi Bosca no esperó a que se potencie y mundialice esta bebida, hoy de gran calidad y reconocimiento mundial. Aprovechando la liberación comercial de los años de convertibilidad, período que alentó al crecimiento industrial por la fuerte importación de bienes de capital, ya en esos años comenzaron a estudiar potenciales países de consumo elevado por el vino premium. “Desde un principio apostamos a trabajar como marca global, sin discriminar entre mercado local y de exportación”, comenta Alberto Arizu (h), director comercial y de relaciones internacionales de la compañía familiar, quien recuerda que la primera exportación la realizó en 1984, a Suiza, por la demanda puntual de un importador, a través de una exportación pasiva.
“A principios de los ´90 empezamos a definir la estrategia exportadora global, sin divisiones. De hecho, de mí depende tanto el mercado local como externo. Tenemos la misma visión, un modelo que siempre utilizó Europa. Por eso producimos y exportamos la misma calidad de producto, con igual estilo y estrategia de comunicación”, subraya el empresario.
La compañía inició desde ese momento un proceso de investigación respecto a los mercados que podría sostener, por capacidad de demanda y potencial. La firma diseñó una estrategia de largo plazo analizando incluso las características de los principales importadores de los destinos donde apuntaban a desembarcar.
“La manera de despegar lo máximo posible las ventas externas de los vaivenes de la coyuntura era ofreciendo un producto con identidad, no a la medida de un contacto en particular”, indica Arizu, quien reconoce que al trabajar con un producto premium, la compañía como el sector, tiene mayor protección frente a la caída del dólar. De todas maneras, con el tiempo de cambio actual, la empresa notó una disminución en su rentabilidad, pero sin perder dinero ni mercados. “Hoy llegamos a 60 mercados en todos los continentes, y la exportación representa el 50% de la facturación. Dentro del mercado general, la exportación de vinos embotellados alcanza el 23% del total”, destaca el empresario.
A pesar del posicionamiento de la firma, Arizu no duda en afirmar que una mayor devaluación del peso los alentaría a invertir más agresivos en la apertura de nuevos mercados, acción que hoy no están emprendiendo. “Pero no varía demasiado nuestra política de producción. Solo ejecutaríamos inversiones que tenemos frenadas por la situación económica en general. Por una cuestión cultural, siempre estuvimos atados al dólar, y su debilidad frente al euro por ejemplo a nivel mundial nos ha perjudicado. Quizás deberíamos acomodar los precios a otras monedas, pero es una cuestión cultural difícil de modificar”, concluye Arizu.