Toma la copa por la base, se la lleva a la nariz y aspira… Pablo Conselmo interrumpe su ritual y habla a quienes lo escuchan del mundo de aromas al que accedió. Luego, se lleva el vino a la boca y describe esos sabores…
El argentino está de pie, sobre el pasto, en medio de una hacienda ganadera en Cotacachi. Quienes lo observan, miembros de la Cofradía del Vino, lo siguen. Si él huele, ellos huelen, si él prueba, ellos también. Es un taller de maridaje de vinos y quesos.
El enólogo, nacido en Mendoza, se incorporó a la Cofradía del Vino, organización que difunde la cultura del vino y suma casi seis años y más de 920 socios en Quito, Guayaquil y Cuenca. ¿Sus credenciales? Perteneció a la Escuela Argentina de Vinos y al Instituto Nacional de Vitivinicultura.
Cuando llegó al Ecuador, en el 2002 para dar unos cursos, Conselmo fue al supermercado, a ver la sección de vinos. “Ese punto de consumo masivo es un termómetro para medir la aceptación de un producto en un lugar. En aquella época era bastante escaso. Y mezclado con otros licores que no tienen nada que ver con el vino”.
Encontró pocas marcas de vinos chilenos y muchos menos argentinos. Hoy, además de dar seminarios, capacita a personal de restaurantes y hoteles. También, implementó un plan de certificación de cavas de restaurantes. “Así garantizamos al consumidor que el vino ha sido bien tratado, que los precios son razonables...”.
Pero la cultura del vino en Quito no solo se bebe. Se lee. En los Supermaxis y las Fybecas, cada dos meses aparece la revista Vinissimo en las perchas de revistas.
A su editora, Ma. Cristina Jarrín, su abuelo francés la convirtió en apasionada del vino. “En su casa, en Quito, en donde me crié hasta los siete años, los niños tomábamos vino con agua. Luego viví en Francia, en la Alsacia, región de viñedos, famosa por sus vinos blancos”. Hace ocho años regresó al Ecuador, y lamentaba la falta de variedad en la oferta.
Pero hace un par de años sintió el clima para combinar sus dos pasiones, vino y periodismo. “Asistí a varios actos y me di cuenta de que la cultura del vino empezaba a tener presencia. Se hablaba más de vino, era un acompañante en la mesa en la mayoría de restaurantes… ”
En junio del 2005, con su esposo, Fabien Przypolski, y un capital de USD 8 000 lanzó el primer ejemplar. “Con el capital justo para esa primera edición. La verdad, pensábamos que no se necesitaba mucho dinero”.
A través de reportajes y entrevistas, desentraña la historia y las características del vino a lo largo de unas 60 páginas. Son 5 000 ejemplares por tiraje. De vez en cuando, a su equipo se unen enólogos de bodegas en Europa y América del Sur, que le envían algunos de los reportajes más complejos. “Sé que después de acceder a la información, la gente se toma un vino y lo disfruta de otra manera”.
Cada año se celebran las Galas del Vino. En abril del año pasado participaron bodegas de 10 países, con más de 1 000 etiquetas distintas y jurados internacionales. El vino va a la universidad, también. La San Francisco comienza este mes la especialización en Sommellerie. En 20 meses, los alumnos estudiarán vinos, maridaje (combinación con comida), administración de cavas, creación de cartas de vinos...
Detrás de esta iniciativa está gente como Patricia Donoso, directora de la Cofradía del Vino. En su oficina, en el norte de la ciudad, hace un aparte en sus actividades para contar su historia. En el 2001, estuvo en la organización de unos cursos sobre vino. Luego, al ver el interés de la gente, en octubre del 2002 comenzó la Cofradía del Vino. “Tuvimos 70 socios fundadores y hoy están con nosotros el 99% de los 30 ó 31 importadores de vino del país”.
Hoy tienen seis cursos al año, desde básicos cómo tomar la copa hasta especializados como el taller de aromas. La mayoría de socios está entre los 38 y 55 años. Un 30% de integrantes son mujeres.
El año pasado, Patricia y Grace Donoso participaron en la edición 31 del Concurso Internacional de Vinos de Burdeos, como jurados internacionales. En varios pabellones, inmensos, Patricia se enfrentó a una mesa de cuatro personas: un productor, alguien de la industria, un amante del vino y un sommelier, ella.
El embajador de Canadá en Ecuador, Cristian Lapointe, sommelier, la había embarcado en la aventura. “De este continente había gente de México, EE.UU., Ecuador y Perú. Entre 800 catadores se califican 5 800 vinos en una mañana”.
Desde que Conselmo desembarcó, las cosas han cambiado. Lo asegura con cifras: 170% más de consumo en los últimos cinco años, proyectado con datos del BCE. Y lo dicen los supermercados: “Dos perchas enteras de vinos chilenos, otras tantas de argentinos, españoles, italianos…”.