La imagen es elocuente: montañas abarrotadas de coníferas parecen caer sobre la minúscula villa de montaña que, lejos de ocultar su condición, lo ostenta con orgullo.
De troncos y madera cepillada, su centro comercial, las cabañas y hoteles conforman una estética de librito de cuentos. Es el sitio que genera amor a primera vista y de antemano asegura una estadía digna de los personajes de historias infantiles. Eso sí, con final feliz, se expanden todos los servicios turísticos.
Como un espejismo, recostada sobre las márgenes del Lago Lacar, la cuadrícula deja pasar los vientos sureños y se queda en su apacible vida, teñida de colores vivos y alegres rostros, indispensables para la escenografía de lujo.
Rosales adornan las calles y los jardines. Las casas ganan terreno al boscoso entorno y entre tanto, los turistas se despiertan a cinco cuadras de la ciudad con el canto de un pájaro carpintero. Les advertimos que era cosa de libritos de cuentos.
Inserta en el Parque Nacional Lanín, arroja una multiplicidad de actividades a los viajeros que llegan con algunas expectativas y se van con un cúmulo de satisfacciones, ésas que están llenas de promesas del regreso.
Más de 5.500 plazas de alojamiento de diversas categorías harán confortable su estancia. Además una oferta gastronómica contundente, atiborrada de ahumados, truchas y frutos rojos y otros silvestres, muy típico de la Patagonia, la mapuche y la de los que vinieron de otros lares a hacer patria.
Para Semana Santa Paseos lacustres
El puerto enmarcado al final de la calle principal es el sitial del que zarpan los barquitos para recorrer los lagos Lácar y Nonthué. Las embarcaciones llevan hacia la mágica playa Quila Quina $ 35; también al paso trasandino Hue Hum $ 138 y para que el romanticismo no muera existen excursiones nocturnas con cena a bordo $ 100. Allí también se alquilan kayak por $ 25, bicicletas $ 25.
Artesanías
Los souvenires de viaje adquieren sentido en esta villa en la que la feria artesanal abre cada noche en la plaza principal con alrededor de 50 puestos en los que hábiles manos hacen de los materiales autóctonos verdaderas obras de arte. Madera, cuero, metales, vidrio, flores, frutos y piedras, son transformados en objetos de uso cotidiano, decorativos y accesorios.
En la calle principal y en las aledañas, fábricas de chocolate y diversas tiendas de regionales agregan tentaciones para que sean muchos los recuerdos que traiga del rincón neuquino. Imperdibles los chocolates de Mammusia ($ 68 el kg).
Gastronomía
Nadie se pierde las truchas en diversas preparaciones. Es que los ríos son tan prolíferos que no hay que desdeñar su producción. Asadas, al roquefort, ahumadas o con diversas salsas, los platos por pieza oscilan los $ 30. Jabalí, ciervo y ahumados son otras de las delicias que brillan por aquí, sin olvidar el cordero patagónico tan promocionado, de $ 30 a $ 45. Pastas rellenas $ 22; carnes como matambre al verdeo o a la pizza $ 18; parrillada para dos $ 42 y para tres $ 48; para 4 $ 56; vinos mendocinos desde $ 22. Imperdible la parrilla de KU, la cerveza de Dublín y las confituras de La Abuela Goye.
Villa Quila Quina
Uno de los sitios más bellos de la zona, muy cerca de la ciudad en pleno Parque Nacional Lanín, con una hermosa playa de arena y césped, un completo parador animado con música, buenos tragos y gastronomía. Hay algunos artesanos y mucha gente tomando sol o animándose a probar tablas, kayaks y botes; también alquilan bicicletas.
Se llega por la Ruta 234. A 6 km de la ciudad se encuentra el desvío. Desde allí 12 km hacia la orilla del lago pasarán entre coihues, cipreses y un espeso bosque que apenas deja pasar los rayos del sol. La senda es sinuosa pero nada terrible para un mendocino acostumbrado a manejar en montaña. Notará inmediatamente los aromas terrosos y aquellos que despiden las coníferas y los arbustos típicos, y la incontrolable lavanda que inunda todo el aire; de tanto en tanto se descubre el azul del lago.
A unos 10 km se encuentra la base de la comunidad Mapuche que cobra un bono de $ 3 para ingresar a ver la Cascada Grande. Además invitan a senderos guiados, a conocer la comunidad mapuche $ 6; a las pinturas rupestres $ 6 (1 hora de caminata); al cerro Abanico $ 20 (dos horas de caminata); al cerro Tren Tren $ 95 (5 horas de caminata), entre otras propuestas.