Que las féminas prefieren los vinos blancos a los tintos, y viceversa con los hombres, es presunción aceptada. ¿Es así de fácil?
Ante esa pregunta, el varón oriundo titubea. Los varones titubeamos por sistema casi siempre, pero en este caso un poco más. Pues las mujeres han agarrado últimamente esa costumbre de contradecir con sonrisa La Gioconda todo cuanto hasta ayer se creía y afirmaba sobre ellas. Se han lanzado por su cuenta a comer la pastasciutta marplatense con cada cabernet masculinesco y astringente que, no sé... El ojo del varón se asoma por encima de esos cráneos dulces, antaño sometidos, y observa con creciente terror el solfeo vertiginoso de la nueva realidad. Ese es el momento elegido por el mozo para preguntarnos, sibilino, si también el señor va a tomar vino. ¿Qué nos queda por hacer? Lo malo con nosotros es que mostramos el ombligo, ponele, y no pasa naranja. Creo que nos llegó el momento de pasarnos al tercer sexo y hacer pata ancha ahí, desensillando hasta que aclare.
Así pues, y bien atento a cómo viene la mano, lo políticamente correcto es aceptar el vino blanco que propone el sommelier. Sauvignon blanc, por supuesto. Primero y principal, por ser fashion dernier cri; y segundo, por no sacar rollitos. Con Lilita de primera dama, eso lo hubiéramos descartado. O López Murphy, con quien los derechos de la zapán habrían sido constitucionalizados.
La segunda opción, para una estrategia de reposicionamiento, es pasarnos al viognier. ¿Por qué no? Este es un cepaje de la Bourgogne al Sur, zona del Rhône, que estaba medio desapareciendo del mapa enológico francés: en 1965 quedaban de esa variedad en todo aquel país apenas 14 hectáreas. Pero a fines de los años ochenta recuperó envión. Más que envión, se puso de moda. Y como la moda pesa un montón en estos tiempos, sin demora, algún pionero fue, lo trajo y lo implantó en una viña de Mendoza. No hay disenso sobre eso, pero sí sobre quién es el susodicho. ¿Enrique Pescarmona, de Lagarde? ¿José Zuccardi, de Familia Zuccardi? ¿ Ricardo González Villanueva, de Escorihuela Gascón?
Pero lo importante es ser opción blanca muy singular, muy otra cosa; sensual donde el chardonnay se mantiene delicado; menos jugado a la fragancia que el despechugado sauvignon; e inteligente donde las opciones traminer, tocai friulano y riesling apuntan medio tirando a frivolonas. Fuera de los cuatro mejores viognier recomendados aquí al pie, la restante lista de propuestas predilectas incluye el
Humberto Canale Roble 2006 ($ 25), de respiraciones varietales superdensas; el canchero perdurable
Trapiche Broquel Viognier-Chardonnay 2005 ($ 12); el
Luigi Bosca La Linda 2003 ($ 24), una excelente base para clericó; el
Ampakama 2005, de Casa Montes ($ 18), con buen peso en la boca, y el algo ácido
Mil Piedras 2005 de Benvenuto de la Serna ($ 20), pero de aromas frescos, muy intensos y absolutamente a vino.